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OTOÑO EN ESPAÑA: CUANDO EL CALOR NO SE APAGA

El otoño ha llegado. Las hojas caen, pero el fuego del verano aún arde en la memoria colectiva. Este año, el cambio de estación no trae alivio, sino una pausa inquieta tras meses marcados por el caos, la indignación y el desconcierto.

El apagón que nos dejó a oscuras, un apagón eléctrico paralizó al país entero. Estaciones de tren colapsadas, pasajeros tirados en los andenes sin información ni asistencia. Taxistas que vieron en la desesperación una oportunidad para cobrar tarifas abusivas. Hoteles que duplicaron precios ante la necesidad de refugio. La solidaridad brilló por su ausencia, y el gobierno, una vez más, se mostró lento, desbordado, ineficaz.

Verano de cenizas, los incendios forestales, cada vez más frecuentes y voraces, han devorado miles de hectáreas en silencio. No solo se quemaron árboles: se quemaron hogares, esperanzas, y la confianza en una gestión que parece siempre llegar tarde. El humo no solo cubrió los cielos, también nubló la visión de un futuro sostenible.

Inseguridad que no descansa, las calles, que deberían ser espacios de encuentro y vida, se han vuelto escenarios de miedo. La inseguridad ha crecido, alimentada por una mezcla de factores que van desde la falta de recursos hasta el aumento de la inmigración irregular, que ha desbordado los sistemas de acogida y ha generado tensiones sociales. No se trata de señalar culpables, sino de reconocer que el modelo actual está fallando: ni protege ni integra.

Trenes detenidos, país paralizado, en pleno agosto, con temperaturas que rozaban los 40 grados, cientos de pasajeros quedaron atrapados en trenes detenidos en mitad del trayecto. Sin aire acondicionado, sin información, sin asistencia. Una metáfora perfecta del país: avanzamos, pero algo nos detiene. Y cuando el sistema falla, es la gente la que sufre.

Corrupción sin estaciones, mientras tanto, en los pasillos del poder, los escándalos de corrupción siguen saliendo a la luz como si fueran parte del clima político habitual. Contratos opacos, favores cruzados, silencios comprados. El verano no fue solo caluroso: fue turbio. Y el otoño no promete limpieza, sino más hojas que esconden lo que nadie quiere barrer.

«Prefiero a los que me critican, porque me corrigen, a los que me elogian, porque me corrompen». – Anónimo

Anónimo

 ¿Qué nos queda?

El otoño debería ser tiempo de reflexión, de recogimiento, de mirar hacia dentro. Pero este año, parece que será tiempo de resistencia. Porque cuando el calor no se apaga, cuando el fuego es institucional, social y emocional, no basta con esperar a que llueva.

Quizá este otoño sea el momento de encender otra clase de luz: la que nace de la conciencia, del compromiso, de la exigencia ciudadana. Porque si el verano nos dejó exhaustos, el otoño puede ser el inicio de algo distinto. No más estaciones que pasan sin dejar huella. No más silencios cómodos.

                                                                                   Labán Jhotam

 

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