Nos visitó el pasado mayo Fernando López-Mirones en Albacete. La asociación Albacete Libre estábamos de enhorabuena. El público, felizmente versado en el tema de la presentación, al menos parte de él, parecía apasionadamente entregado. ¿Qué misterioso efecto estaba provocando Fernando en los asistentes mientras presentaba su libro «Spania. El secreto de las orcas»? Con su habitual naturalidad y cercanía, el biólogo, zoólogo, documentalista y hasta filósofo iba sembrando de expectativas una idea, una hipótesis que podría ser verdadera. Como en el Cluedo, nos hablaba de pistas e indicios, resultados de años de investigación en el ADN humano; lexemas y pareidolias lingüísticas que sustentan su hipótesis. ¿Existe pues una verdad ocultada y silenciada intencionadamente a lo largo de los milenios, sustituida por otra más conveniente a intereses de potencias envidiosas y rivales de España? La lectura de su ensayo nos aportará claves esenciales, además de disfrutar como niños aventureros en vacaciones de verano.
De las líneas anteriores deseo destacar especialmente el maltratado término «verdad» al amable lector o lectora. Verdad fundada en evidencias, hechos. Esa que sería irrefutable si no fuera por el relativismo imperante que afirma que existen muchas verdades, hasta el punto de leer y escuchar en medios públicos que habitamos la sociedad de la posverdad. Personalmente, me preocupa semejante constatación. Parece que la verdad se hubiera travestido y convertido en algo que podría tratarse de ilusión y reflejo de verdad, de falsedad incluso. ¿Qué va a ser del juicio crítico en las generaciones de jóvenes a quienes desde niños someten a un juego de espejos? ¿Cuánta distorsión y manipulación puede tolerar un adulto —que sabe, en el mejor de los casos, que está siendo manipulado— sin que se le descuajaringuen la brújula moral y de nuevo el juicio? ¿Qué clase de sociedad —esa arquitectura inteligente y necesaria— estamos construyendo? ¡Mirad a nuestros llamados «dirigentes», sus órbitas y maneras de tahúr!
Me viene a la mente la defensa de la verdad que siempre hemos llevado a cabo en Albacete Libre, ofreciendo así una alternativa al relato oficial en sus variadas caras. Mostrando verdades opuestas a dicho relato oficial y pagando incluso precios personales por hacerlo. Ese relato que nos han contado y todavía hoy nos cuentan acerca de que el cambio climático —López-Mirones lo llama «clima cambiático»— es el único responsable de los incendios en el mundo rural, de estos y de los futuros, así como de la tragedia de las riadas en Valencia y Letur. Ese relato que nos cuenta que una medicación es segura y eficaz cuando no es ni lo uno ni lo otro. El de que existen múltiples géneros y varios sexos, contradiciendo a la biología básica, que demuestra que existen los cromosomas femeninos y los masculinos. Y que además existen enfermedades cromosómicas, tratables pero en ningún caso susceptibles de llamarse un sexo aparte. Podría seguir con la secuencia de falsedades ad infinitum.
Cuando la verdad es la víctima permanente, amordazada y sesgada por la ideologización y por la ignorancia, urge actuar como detectives atentos, como arqueólogos infatigables, como buscadores racionales más que nunca, siendo soldados de la verdad.
López Escribano





